dilluns, 27 d’abril del 2009

Ver o visionar

Todos hemos ido incontables veces al cine, o nos hemos sentado delante del televisor o el ordenador para después darle al play y sumergirnos en el mundo de fantasía que nos ofrece alguna película. Dramas, comedias, thrillers y musicales nos absorben constantemente y nos alejan de la realidad durante algunas horas, centenares a lo largo de nuestra vida.

¿Podemos decir entonces que pasamos demasiado tiempo viendo películas? Hace unas horas me he dado cuenta que no. Y no porque piense que deberíamos ver mucho más cine del que realmente consumimos y que la palabra “demasiado” es inadecuada; el término que usamos erróneamente es “ver”. Sí, señoras y señores, desengáñense, despierten: no es cierto que veamos cine. En muchas ocasiones sólo lo visionamos. Me explicaré. Desde un punto de vista genérico, ver está ligado a la comprensión; si usted se sienta delante de la pantalla y observa con atención cada minuto del film pero no entiende nada, lo siento, sólo está visionando. No estoy diciendo, en ningún momento, que visionar no sea una tarea interesante o loable, al revés, les aseguro que es una de las experiencias más divertidas que hay, pero completamente inútil a nivel personal y académico.

Para llevar esta tarea al límite y comprobar su existencia son indispensables una serie de elementos. El primero de todos es habilitar una sala para la proyección de una película cualquiera (de argumento complicado y sólo apto para eruditos, a poder ser) y reunir a un grupo de personas poco interesadas en el tema a una hora de máxima somnolencia (un viernes a las 9 de la mañana es perfecto). El film tiene que estar en versión original y (sobretodo) sin subtítulos, de este modo será más fácil desviar la atención del público y ponerlos nerviosos. Para acelerar este sentimiento de impotencia e irritación hay un método infalible: previamente al film, proyecte como mínimo 4 tráilers de películas antiguas (anteriores a 1950 y en blanco y negro preferiblemente) y [sugerencia personal], si quiere redondear este maquiavélico plan y convertirlo en algo que roce la perfección del arte de alterar unas pocas mentes jóvenes, contrate a una becaria inepta. Puede serlo o simplemente simular que lo es, en ambos casos el resultado será el mismo. Lo que es imprescindible es que en el momento que empiece la película, en un supuesto intento de arreglar cualquier cosa del ordenador, pare el dvd y lo rebobine un par o tres de veces, los 4 tráilers se convertirán en 6 y algunas personas del público ya pensarán en marcharse. Ahora que sale el tema de irse explicaré que el experimento del visionado pone a prueba la fuerza psicológica de los elementos estudiados; se considerará exitoso el método si pasadas dos horas, más del 50% de la sala está vacía. Una vez comenzada la película toda la responsabilidad recaerá en ésta, nuestro éxito dependerá, pues, de una buena elección cinematográfica.

Si es su primera vez y quiere que todo salga bien, le recomiendo “Providence”. Una gran película, sí señor, pero completamente incomprensible si no se domina el inglés a la perfección. La película mezcla ficción y realidad, elementos existentes con meras imaginaciones, todo con una voz en off de fondo que, de no entenderla (y eso es lo que pretendemos), descolocará a los presentes. Además de ser aparentemente incoherente, cuenta con varios elementos perfectos para una buena distracción: los actores se pasan el 85% de la película con una copa llena en la mano, un canto al alcohol que hará brotar comentarios y risas durante toda la proyección y, además, distraerá a todos aquellos empollones que traten de comprender algo mientras toman apuntes inútiles. Un futbolista cruzando la escena en varias ocasiones, una actriz clavada a Barbara Streisand o relaciones personales confusas jugarán el mismo papel. Lo más interesante de este film para convertirlo en parte de nuestro estudio es su (no) final. Después de dos horas, nuestros sujetos estarán hartos y, si todo ha ido bien, la mayoría rozará el desvarío (podremos notarlo si oímos risas continuadas y un aumento de volumen de los comentarios). Es en ese momento cuando sus ganas de irse y la película danzarán en perfecta harmonía. El film de Resnais cuenta con varios momentos que simulan el final, pero sin llegar a serlo: la música sube, la cámara se aleja, los personajes desaparecen…las mochilas se cierran, la gente se levanta y…primer plano de un personaje que vuelve a darle a la lengua! La irritación se convierte en desesperación, los pocos que hayan aguantado todo el experimento empezarán a enloquecer, algunos llorarán, otros no volverán a ser los mismos, las secuelas psicológicas serán catastróficas e irreversibles y, aunque lo sabrán, ninguno abandonará la sala por el orgullo de haber aguantado tanto. Habremos conseguido lo que perseguíamos. Y es que visionar es más que un arte, es un estilo de vida; cuesta conseguir meterse dentro de algo que no comprendemos, pero el poder del visionado es tan fuerte que es capaz de mantenernos sentados delante de una pantalla el tiempo que sea necesario.


Surrealismo (versión en castellano)


El surrealismo que convierte un día aparentemente normal en algo fuera de lo imaginable empieza en el mismo momento en que te encuentras sentado en una pastelería un domingo por la mañana acumulando energías para intentar llegar quién sabe dónde haciendo auto-stop. Así, con las mochilas cargadas de estupideces varias (de todo menos comida apetecible, por supuesto) te sitúas en una carretera de un solo carril, dirección Mataró, y mueves adecuadamente el brazo para conseguir que alguna alma caritativa te deje subir en su coche. Los vehículos pasarán uno tras otro sin reducir la velocidad, riéndose de tu situación y poniendo una cara de disculpa claramente irónica y toca-pelotas. Aunque les obligues a parar manipulando algún semáforo, seguirán sin solidarizarse contigo; y ni siquiera se pararán a discutir después de propinarle insultos varios. Aún así, en nuestro país siempre quedará gente respetable y simpática que empatizará contigo y se ofrecerá a llevarte, aunque sea una pareja de húngaros que está de paso. Después de un viaje agradable lleno de buenos consejos sobre viajar con poco dinero en el bolsillo (y con una “invitación” a Hungría más o menos evidente), llegar a Tossa de Mar al poco rato de empezar la aventura te llena de optimismo y ganas de seguir poniendo a prueba el gran arte del auto-stop. Si se para delante de un supermercado mejor no entrar, mejor despedirse de tus acompañantes y alejarse lo más rápido posible (nadie va a tener hambre, seguro).


Es perfecto colocarse en una carretera como la de Tossa, es ideal para hacer auto-stop: un coche por cada diez motos que pasan cual cuentagotas, graciosos conductores que hacen bromitas y juegan con tu desesperación y otros “iluminaos” que ven en ti un habitante del pueblo y te preguntan por la perrera municipal (deducimos que en Tossa de Mar, la gente del pueblo utiliza habitualmente los coches ajenos para desplazarse). Suerte de Josep y su señora, que te llevarán hasta donde quieras (dando el rodeo necesario) entre discusiones matrimoniales divertidísimas, recitales de poemas e información turística varia (hasta visitas guiadas si tiras un poco del hilo).


¡Girona, oh Girona! Ciudad bonita donde las haya. Con sus murallas, su catedral y sus calles del casco antiguo, con el tráfico intermitente a lo “show de Truman” y las ráfagas de viento más que oportunas. Familias-espía, zumos perfumados y aventura para llegar a la estación (si tienes como guía a cierta chica orientadísima que cree estar en Barcelona y se lo pasa bien jodiendo a los turistas). El viaje de vuelta no parecerá tan largo si te cargas de bolsas de patatas y juegas a las cartas con un desconocido con mucho aguante (teniendo en cuenta los “despistes” continuos y las risas incontrolables).


Lo mejor para poner la guinda a un día surrealista es acabar medio dormido viendo una gran película de la historia del cine: “Los Aristogatos”; en versión suramericana, por supuesto.


Siempre es agradable, para poder recordar tal experiencia, disponer de material audiovisual vario y unas improvisadas fotos de fotomatón (que muy inteligentemente se guardarán en el fondo de un cajón)


Quèquicom?

Aquest blog vol ser una mena d'abocador de totes aquelles coses que penso o que em passen però que no tenen cap tipus de trascendència. Com diu el títol del blog, són simplement deliris que de sovint em passen pel cap i em ve de gust escriure per deixar-ne constància. Fins ara no tenia manera de compartir-los amb ningú, i aquest blog pot ser-ne la solució.

Experiències, pensaments, contes, fotografies, dibuixos... Qualsevol cosa que em sembli interessant acabarà publicada aquí. A vegades poden fer gràcia, i d'altres deixar indiferent per la seva incomprensió; què hi farem? Tot és posar una mica de sentit de l'humor.


Ha nascut un blog

Després d'unes setmanes de gestació, el cervell ja havia crescut prou. El blog creixia massa ràpid i el meu cap (com qualsevol altre de dimensions normals) no estava preparat per seguir-lo mantenint al seu interior. A les ecografies es veia clar: deixar-lo més temps dins meu seria catastròfic per la salut del nen i per la meva pròpia vida. Em van conduir ràpidament al quiròfan; calia fer una cesària el més aviat possible. Vestit només amb una d'aquelles bates d'hospital em van estirar a la llitera, em van posar una mascareta i em van fer comptar: deu, nou, vuit...

Em vaig despertar a una habitació amb el cap embenat; al meu costat hi havia un ordinador. Em vaig incorporar i vaig teclejar ràpidament la direcció del meu blog. La pantalla va quedar en blanc i després d'uns segons van aparèixer unes paraules: aquest blog encara és a la incubadora, preguem disculpin les modèsties. El meu estat de nervis m'obligava a actualitzar la pàgina cada deu segons, necessitava saber que el meu blog estava bé.


Finalment, després de cinc minuts que em van semblar eterns, el blog va aparèixer a la pantalla. Em va caure una llàgrima; per fi el tenia al davant.